miércoles, 23 de abril de 2014

Sin duda, mereció la pena



   Hoy 23 de Abril, Día Internacional del Libro y dos años después de haber publicado La dulzura de la belleza quiero recordar como fue el proceso y el motivo de hacerlo.
   Dicen que escribir un libro es como tener un hijo con la diferencia de que la gestación puede ser aún más larga. En mi caso, creo que fue bastante más dura. Al principio, una duda si debe hacerlo y más cuando es novata. Cree no estar a la altura pero, gracias a los ánimos de familiares y amigos, la idea poco a poco se desarrolla hasta llegar a crear algo que merece la pena. 
   Al igual que en el embarazo, lo peor es dar a luz y más cuando uno no tiene el respaldo de una editorial. Surgen las eternas esperas (edición, impresión, burocracia ...), las rotundas negativas de las empresas del sector y los miedos al fracaso y al ridículo pero, al final, cuando por fin lo tienes en tus manos y consigues presentarlo en sociedad, me imagino que la sensación sea semejante a la de una madre cuando tiene a su hijo en brazos, ¡UNA GOZADA! 
Presentación del libro en la Feria de Valladolid

   En un principio, pretendí mostrar la relación la cosmética y la repostería a través de unos sencillos y deliciosos postres y naturales y eficaces tratamientos de belleza hechos con la misma fruta acompañados de curiosas historias. Más tarde, me dí cuenta que debía empezar el libro desvelando la verdad sobre la cosmética con el objetivo de que la gente no se sintiera engañada por un negocio que vende miles de millones de euros al año.
Famosa frase de Charles Revson
  Ya lo dijo Charles Revson, fundador de la empresa Revlon y, precisamente eso, es lo que pretendo evitar. Evitar que uno compre esperanzas pues la belleza no solo depende de un tarro de crema sino de muchas otras cosas (hábitos de vida, genética, dieta,..). Evitar que la gente caiga en la trampa de la publicidad. Evitar sentirse analfabeto al leer las etiquetas de los cosméticos. Y por último, evitar que la gente crea que la cosmética es una estafa.
    Porque lo mismo que digo que los milagros en cosmética no existen también digo que es necesaria porque su uso es tan imprescindible si queremos conseguir un aspecto más agradable. A mis alumnos siempre les digo que un cosmético es para la piel lo que el betún para el zapato. Con su uso no vamos a conseguir un zapato nuevo como recién salido de la tienda pero si un zapato con un aspecto mejor durante más tiempo.
   Y lo mismo que hay que conocer el uso correcto del betún, es necesario conocer los entresijos del uso de los cosméticos, el cómo, cuándo, dónde, en qué cantidad y para ello escribí este manual para todas aquellas personas que sin ser profesionales quieran afrontar la realidad. ¿Y cuál es la realidad? Sin esfuerzo no hay recompensa. Pero, ¡os puedo asegurar que merece la pena!
   Para terminar, me gustaría dar las gracias a todos aquellos que me han acompañado en esta andadura, familiares, amigos, librerías y seguidores del blog y del facebook porque ésto sin vuestra ayuda no hubiera sido posible. ¡¡GRACIAS!!

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