domingo, 24 de febrero de 2013

Primera enseñanza: "Los milagros no existen"

 
  La etiología de la palabra cosmético es cuando menos curiosa pues deriva del griego “kosmetikos”que significa: hábil en la decoración (decorar significa embellecer o adornar). 
  Sin embargo, según la Reglamentación Técnico-Sanitaria Española, un cosmético no es algo que sólo sirva para decorar, sino que se trata de “una sustancia o preparado destinado a estar en contacto con las diversas partes superficiales del cuerpo humano, con el fin exclusivo de limpiarlas, perfumarlas y/o protegerlas, bien sea para mantenerlas en buen estado, modificar su aspecto o corregir los olores corporales”.
 
 
Charles Revson
   Si nos paramos a pensar en la frase del fundador del imperio cosmético Revlon, Charles Revson, En la fábrica hacemos cosméticos. En la tienda vendemos esperanza, podemos entender por qué a un cosmético, a lo largo de la historia, se le ha convertido en el milagro inexistente.
Llevo varios años dedicándome a la enseñanza de la Cosmetología, ciencia que estudia todo lo relacionado con el mundo de los cosméticos, es decir, su composición, la función que ejercen, cómo se deben utilizar…, y he llegado a la conclusión de que la mayoría de las mujeres que acuden a una perfumería no van buscando cosméticos sino milagros.
 
Al usar un cosmético, sea del tipo que sea, sólo podemos esperar mejorar el aspecto de la piel previniendo el envejecimiento prematuro. Cualquier otra esperanza sería como pretender, que el betún mantuviera nuestros zapatos como el primer día: ¡Imposible! ¡Quien diga lo contrario, miente! Lo más que podremos conseguir es que nuestro calzado luzca bonito durante más tiempo. En cosmética ocurre algo parecido.
 
    Por todo esto, lo primero que enseño a mis alumnos el primer día de curso, es que los milagros no existen. Al menos en el mundo de la cosmética.
    Si realmente quieres que tu cosmético funcione, aprende a conocerlo, aprende a usarlo y no dejes todo en sus manos porque gran parte del éxito dependerá de tí: de tus hábitos de vida y de tu constancia.

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